Ni serpiente marina ni monstruo del Lago Ness – SILUROS !

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Ni serpiente marina ni monstruo del Lago Ness, aunque puede quitar el sueño al aventurero más valiente. Gigante, barbudo y feo, depredador y carroñero, el gran siluro navega a sus anchas por el mar de Aragón que configuran el Ebro y sus embalses, pero es en el pantano de Mequinenza (lake Caspe) donde reinan los ejemplares más hermosos. Allí acuden cada año miles de pescadores, sobre todo ingleses y alemanes, atraídos por los gigantescos siluros, por el titánico esfuerzo que han de realizar para capturarlos. Y por las espectaculares fotografías que se hacen para enseñar a los amigos en Facebook: una vez atrapados, deben ser devueltos vivos al agua. Los siluros caspolinos superan en tamaño a sus hermanos de los ríos centroeuropeos, de donde provienen. ¿Por qué? Porque agradecen las temperaturas más suaves del agua y la abundancia de comida. Se han pescado hasta de 2,3 metros de largo y 103 kilos de peso, último récord.

Peces-gato, ‘catfish’ (aka Silurus/Sirulo)

Por esas aguas se adentra con su lancha Lorenzo Martínez. En pocos minutos la espesa vegetación empieza a ralear, las riberas se alejan y el paisaje se endurece con rocas calizas que intentan arañar el cielo. Varios años persiguiendo siluros (también llamados peces-gato, ‘catfish’ en inglés) le han curado de espanto y han afinado su prudencia. «Nunca dejaría a un niño solo en la orilla. Estos animales no pican, tragan, te engullen como las serpientes y te llevan al fondo, al lodo». El guía de pescadores acumula experiencia, maestría y don de gentes. «Conmigo la pesca está garantizada», anuncia a modo de señuelo, el mismo que ha estampado en su página web pescaprofesional.net.
Cañas, sedales resistentes y cucharillas especiales como cebo le bastan para capturar esos inquilinos que gobiernan el embalse desde hace 36 años, cuando el biólogo alemán Roland Lorkowski introdujo unos cuantos alevines con fines meramente turísticos. Los ingleses y los alemanes prefieren pescar con pellets (bolas de harina de pescado) que vierten en determinadas zonas para que los siluros salgan de las profundidades hasta la superficie a comer. Sus cañas son más potentes. Lorenzo prefiere el lanzado (‘spinning’ en inglés): echa la caña y la vuelve a recoger infinitas veces a lo largo de muchos kilómetros. Su caña es más ligera y la lucha con el animal mucho mayor. «El que afronta un duelo con un siluro de gran tamaño nunca lo olvida», sentencia al recordar las emociones que ha sentido con estos auténticos «colosos» del Ebro.
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Gary SheridanLos peces maños vs. siluros tigre

Los siluros maños presumen de ser los peces de mayor tamaño de las aguas interiores de Europa. Pero si su vida puede alargarse hasta los 80 años, ¿qué dimensiones podrían alcanzar? Es la pregunta que se formula el también pescador y escritor inglés John Langridge, sabueso de los siluros y sus leyendas. «Bien podrían llegar a medir hasta cinco metros y pesar 300 kilos. Me gustaría vivir cien años para verlo», contesta este profesor inglés, que aprovecha los veranos para surcar los ríos del mundo en busca peces-trigre y siluros. «Son muy feos, pero les tengo cariño», espeta en un perfecto castellano.

En el pantano de Caspe (aka Mequinenza) viven siluros que superan los dos metros de largo

Como depredador incansable, el siluro se ha cargado las especies autóctonas que pueblan el embalse. Carpas, lucios, percas, barbos… además de patos, roedores, culebras, cangrejos o ranas. Ataca hasta a las palomas que se posan en las riberas del Ebro a su paso por el templo de El Pilar en Zaragoza. La voracidad de este ‘monstruo’, que aparece hasta en un capítulo de los Simpson, no tiene límites. «Es más, un siluro de metro y medio puede comerse a otro de medio metro», sorprende Lorenzo Martínez mientras enseña una fotografía que lo demuestra. Su hijo pequeño le alertó de ello. No podía creérselo, pero logró filmar ese momento único.

Los embalses de Mequinenza y Riba Roja en el rio Ebro

La colonización de los embalses de Mequinenza y Riba Roja por los siluros ha alarmado a los pescadores de otras especies y a las organizaciones ecologistas, que piden a las administraciones medidas para evitar un «desastre ecológico de enormes proporciones», como lo ha calificado la Asociación Española de Black-Bass (perca americana). El guía Lorenzo Martínez es pragmático: opina que como el desastre «ya está hecho» es preferible sacar ventaja al turismo deportivo y al negocio que generan hoteles, tiendas y empresas de aventura. «En los pueblos lindantes con el pantano, como Mequinenza, Caspe, Escatrón o Chiprana, se crean puestos de trabajo, se mueve dinero y se vive mejor, pero la Federación de Pesca y Caza de Aragón no lo ve así y ha convertido al siluro en un apestado».
John Langridge ofrece otro punto de vista. Entiende que el pantano ha sido obra del hombre y la introducción del pez-gato también. Admite modificaciones del ecosistema en ríos y pantanos, pero se muestra convencido de que el siluro ha creado otro nuevo. «Han incorporado muchas especies diferentes para alimentar al bicho y ahora eso ya funciona de forma natural».
Otra cuestión muy distinta es la ausencia de vigilancia para controlar si los pescadores cumplen la normativa que les obliga a soltar la pieza después de capturarla y a no lanzar la caña a partir de las doce de la noche. Lorenzo Martínez no duda de que los aficionados lo hacen, pero alerta de la creciente presencia de furtivos, principalmente de ciudadanos rusos y de los países del Este, acostumbrados a comer la carne del siluro, que cocinan de muy diversas maneras y que reza en la carta de cualquier restaurante. «Algunos pescan por la noche; y aunque lo hagan por el día, el Seprona no tiene capacidad para cubrir tantos kilómetros de riberas».

Comercializacion y consumo del siluro (catfish meat)

Las apreturas económicas pueden obligar a llevar la cena gratis a casa, aunque John Langridge aporta otras razones. «No se descarta que pesquen para exportar a esos países. El siluro es el pez más comido en Bulgaria, Rumanía o Polonia (dicen que sabe como el rape), y allí la pesca masiva durante tantos años ha acabado por esquilmar los bancos de siluros, que ya escasean». Tal es así, cuenta, que unos empresarios intentaron montar un negocio de exportación en la localidad de Flix (Cataluña), en el pantano de Riba Roja, proyecto finalmente abortado debido al alto índice de contaminación que registraban los colosos.
Los siluros no están protegidos, pero el Gobierno de Aragón obliga a devolverlos al agua para preservar los ecosistemas de otros ríos. Estos peces gato empiezan a pasearse por el Segre y hasta por el Tajo, donde ya han denunciado la intención de fomentar el turismo deportivo con su pesca. Y no es extraño. En Reino Unido, Caspe es un punto de referencia para todos los aficionados a la pesca. «Hace unos meses, en un periódico aparecía una foto de una pareja que en su luna de miel había pescado un siluro en Mequinenza. ¡Era mucho más grande que su marido!», se desternilla Langridge.

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